martes, 26 de octubre de 2010

Hipocresía

No sé porqué coño, suelo tener buenas ideas con las que nutrir el blog, pero a la hora de materializarlas me voy al carajo. Éste escrito es uno de ellos. Quizás me cueste desgranar verbalmente todo lo que pienso derramar, o sencillamente pienso que la idea no era lo bastante buena como para exponerla.
Sea cual sea la razón, voy a tratar de hablar la mayor cantidad de paja que pueda sobre el tema, ya que siempre pierdo tiempo haciendo estos escritos estúpidos como intro para la entrada y acaban ocupando el 60-70% de ella.
Recientemente iniciamos el periodo de actividades comunitarias del "voluntariado" escolar, para mejorar (como es obvio) la comunidad en la que se encuentra en el liceo.
A mi particularmente, la "comunidad" me viene importando lo mismo que me importa el hambre en áfrica; principalmente por el hecho de que no vivo en el entorno escolar, ni cerca del mismo. Incluso pudiéramos considerar esa actividad una especie de prejuicio hacia los estudiantes de allí; parece que obvian el hecho de que habemos gente por fuera de su "comunidad".
De cualquier forma, el punto es que dicha actividad consiste en la búsqueda de la mejora ambiental y social (aunque ésta última viene siendo consecuencia de la primera) de todo el sector adyacente al liceo... Y ya habiendo dicho mis razones personales por las que desprecio la actividad, paso al hecho objetivo:
Principalmente, el que pasen por alto nuestra disposición a realizar la hermosa actividad en pro de un ambiente bello y con gramita verde, al afirmar que estamos llendo allí de manera voluntaria ("voluntariado" escolar). Bueno, yo personalmente no recuerdo haberme ofrecido para entrar ahí, y en última instancia es algo que debió ser consultado por los estudiantes... Aún cuando hubiese una porción en desacuerdo, sería la "voluntad" del estudiantado el realizar la actividad "por nuestro bello planeta verde".
Otra punto, más técnico, es la contradicción que me supuso ingresar en la institución donde supuestamente vamos a evaluar los métodos de estudio que tendremos que usar; donde no había un sólo lugar donde depositar la basura. Sí, así es. No había un puto bote de basura en todo el maldito lugar... Bueno, sí había uno, en la entrada de concreto al salón principal. ¿No se supone que quieren salvar el hermoso planeta? Pues póngalo, al menos, en un sitio donde haya algo que salvar. Imbéciles.
En fin, que todo esto es una memez con respecto al transfondo de lo que he dicho.
Me ha resultado gracioso ver como, teniendo una actividad de recolección de latas precísamente en pro del desarrollo comunitario, las mismas personas que recojen latas, tiran las envolturas de las mierdas que comen en el piso... Claramente, lo que ellos desean es que el profesor (tan, o más hipócrita que ellos) les ponga su puto 20 en la recolección latas. El ambiente es lo que menos les importa. Lo mismo pasará con las actividades subsiguientes respecto a la comunidad... Malditos hipócritas.
Sinceramente, no sé si seré un idealista frustrado, o un adolescente prejuicioso (del montón), lo cierto del asunto es que la supuesta maldad y cabronería que suelen resaltar de mi no es la que está sumiendo de mierda al mundo.

miércoles, 13 de octubre de 2010

Un Armario.


La historia que relataré a continuación me ocurrió cuando tenía 9 o 10 años. Lo recuerdo con bastante exactitud. Era junio, la temporada cálida. Y este es un dato a considerar por lo que a continuación contaré…

Estaba en la torre que mi familia tiene en la zona rural de Trujillo. En Montero. La torre está un tanto apartada del resto de las casa que hay en el lugar. Rodeada de bastante terreno y abundante bosque. Quien haya recorrido los Andes del país sabrá, más o menos, cómo es ese entorno. La verdad es que por la noche es imponente asomarte al balcón y ver que a tu alrededor sólo hay  árboles y las sombras que estos proyectan a la sasón de la luna… Pero en fin, no me desviaré del tema, ya que lo que me ocurrió no fue en la parte exterior…

Era ya bastante tarde. Si no recuerdo mal, habrá sido más de medianoche. Recuerdo que estaba con mis primos, todos menores a mi, en la habitación que se encontraba al final del pasillo. Allí nos solían meter a los niños mientras los mayores se quedaban a charlar o jugar a las cartas. Pues bien, aquella noche, mis primos y yo hicimos bastante alboroto en la habitación, y como yo era el mayor, me tocó arrastrar las consecuencias. Como era de esperar, mi tío me castigó.

El castigo fue trasladarme de la habitación de los niños a la habitación de mis tíos. Los dueños de la torre. La habitación se hallaba justo al lado. Si la de los niños estaba al final del pasillo, la de mis tíos se encontraba a mano derecha de éste. Contigua.

Yo no estaba muy de acuerdo con el castigo; pero con la edad que tenía, no me quedaba más alternativa que cumplirlo. Mi tío me sacó con muy malas formas y me metió en su cuarto. Me dijo que me tirase encima de la cama de matrimonio y que me durmiera, que ya vendrían a buscarme. Ni siquiera se molestó en ofrecerme una cobija... Y, quien recuerde cómo somos de niños, sabe que este gesto me hubiese aportado bastante tranquilidad. Simplemente me dejó allí tumbado, en medio de la oscuridad. Cerró la puerta y se fue.

Nada más ver que se cerraba la puerta y me quedaba completamente solo en aquel lugar, empecé a pasar miedo. Muchísimo miedo. Cuando mis ojos se acoplaron a la oscuridad, y con la única tranquilidad de un tenue halo de luz que se colaba tímidamente al lugar, el terror se hizo más agobiante, ya que lo único que veía eran extrañas sombras por todas partes. Y esto no era debido a ningún efecto preternatural, sino al proceso de aclimatación que el ojo humano hace después de unos segundos en contacto con la oscuridad…

Rígido como nunca lo había estado a causa del miedo que sentía y tumbado sobre la cama, en posición casi mortuoria; sin nada con lo que cubrirme ya que no me atrevía a mover un músculo, moviendo nerviosamente los ojos para todas partes e intentando "vigilar" las sombras que veía. Así empezó mi calvario…

No recuerdos bien el tiempo que estuve así pero se me hizo eterno. Y puedo asegurar que no estaba dormido ni tenía la intención de quedarme dormido. El miedo no me lo permitía. Era completamente imposible poder relajarme en el estado que me encontraba. Asumo que quien me lea recordará cómo se experimenta el miedo en la infancia y entenderá a lo que me refiero…

Habrán pasado unos veinte minutos. Aproximadamente… El terror te hace perder la percepción de las cosas. Cuando, de pronto, se abrió lentamente la puerta de la habitación. La alegría que me inundó en ese instante fue de la misma intensidad que el terror que se apoderó de mi en cuanto presencié lo siguiente…

Una vez la puerta se abrió totalmente, y cuando mi alegría todavía estaba latente a causa del inminente levantamiento del castigo (Creía que mi tío se había apiadado de mi y venia a buscarme), apareció “eso”…

Es necesario recordar que estaba a oscuras. Mis ojos se había acostumbrado a la oscuridad y, en consecuencia, cualquier contacto con la luz ahora penetrante del pasillo me producía encandilamiento.
Pero puedo asegurar que, ahora que lo estoy recordando, no puedo evitar tener un estremecimiento…
Porque “eso” que se encontraba en el umbral de la puerta, apunto de adentrarse en la habitación de mis tíos, era una mezcla entre una niña de mi edad, y una anciana…


Me explico… Imagina el cuerpo de una niña de unos 7 u 8 años, con los achaques propios de una persona de unos 80…


Diferenciar algo entre las sombras es muy complicado. Puedes equivocarte fácilmente y advertir cosas  que resultan no ser como las estimaste en un primer momento. El caso es que la descripción era así, más o menos…

Al principio, y pese a que aquella silueta no se correspondía con nadie que yo hubiera visto antes (Tíos, primos, etc…), pensé que podía tratarse de alguien conocido… Pero… Antes de que pudiera articular palabra, “eso”, que hasta ese instante había permanecido estático bajo el umbral de la puerta, comenzó a... Desplazarse… Y puedo asegurar que, en cuanto presencié el tipo de movimientos con los que se trasladaba hacia el interior de la habitación, deseché de inmediato la teoría de que pudiera tratarse de alguien de mi familia.

La silueta era del todo fantasmagórica. Y que conste que no estoy utilizando este recurso literario como para sugestionar al receptor, sino por lo escalofriante de sus movimientos y lo intimidante de su apariencia. "Eso" fue avanzando muy lenta y trabajosamente. Cuando ya traspasó el umbral de la puerta, se dio la vuelta con costosos movimientos. Y cuando digo costosos, me refiero a un tipo de movimiento propio de una persona de muy avanzada edad.

Otro detalle que le otorgaba un aspecto aterrador que el que ostentaba ya de por sí, era su blanquecino (O eso es lo que la tímida luz me mostraba) color y lo desaliñada que estaba su cabellera. Una curtida melena que cubría su desconocido rostro (Menos mal que no pude verlo) y una especie de camisón que le llegaba hasta los tobillos.

Antes de continuar con esto…

No, no era la niña de “The Ring”. En aquella época todavía no se había estrenado la película… Mi imaginación no podía basarse en un personaje ficticio que, probablemente, todavía no había sido siquiera concebido …

Prosigamos…

Una vez cerró la puerta, un tiránico frío apareció de la nada. Apoderándose del lugar. Ya había estado dentro de las recámaras de las carnicerías donde preservan los alimentos, y puedo decir que este frío se le semejaba notoriamente. Contando que estábamos en junio, aquello era bastante anormal…

Teniendo en cuenta cómo me encontraba a causa de lo que estaba padeciendo (No se lo pueden imaginar), rodeado por el intenso frío, totalmente agarrotado por el miedo y sin una cobija con la que aparentar mi no presencia en el lugar… Esa cosa, una vez habiendo cerrado la puerta, volvió a darse la vuelta… Insisto, mediante lastimosos movimientos, y se encaminó hacia el armario que se hallaba justo frente de la cama en la cual estaba tumbado. Imagínense: yo tumbado en la cama (Ni qué decir cómo estaba de aterrorizado), la entrada de la habitación justo enfrente de la mesita de noche que había al lado de la cama (Obviamente de matrimonio), y el susodicho armario algo a la derecha. No sé si me explico bien… Yo, desde donde estaba situado, veía la entrada de la habitación hacia la izquierda. A unos metros más o menos de donde acababa la cama. Y el armario estaba a mano derecha de la entrada, justo frente a mi…

Resumiendo…

Aquella silueta fue desplazándose muy fatigosamente hacia el armario y, una vez llegó a la altura de las puertas, las abrió (Con el consiguiente y desesperante chirriar acompañando el movimiento de apertura) y se introdujo dentro… Cerró la puerta y allí permaneció escondida…

En ese mismo instante, sólo recuerdo que no podía moverme de lo aterrorizado que estaba, y que mi único fin era el vigilar que aquel armario no volviera a abrirse de nuevo… Después de un rato, no sabría precisar cuánto, volvió a abrirse la puerta de la habitación… Esta vez sí que se trataba de mi tía. Se acercó a la cama, encendió la luz de la mesita de noche y me preguntó porqué no estaba durmiendo…

Al parecer, habían pasado cuatro horas desde que me encerraron allí… Yo no le contesté. No podía emitir voz desde mi garganta. Supongo que mi tía pensó que había tenido una pesadilla. Me sacó de la cama y me llevó a la habitación de los niños…

Ahora bien...

El tiempo que transcurrió entre que me metieron en la habitación hasta que me “rescataron” de allí, fue considerablemente extenso. Imaginen la cantidad de cosas que se proyectaron en mi mente durante aquellas cuatro eternas y terroríficas horas de vigilia… Anhelando, con todas mis fuerzas, que "eso" no saliera del armario…

Y no, no fue un sueño… Nunca los sueños permiten recordar de manera tan eidética algo como lo que me pasó…

Y esto fue todo lo que pasó... Si me crees o no, es cosa tuya.